La Kasbah De Rabat

Diario de viaje Marruecos-Día 5: Medina de Rabat

Post Series: Diario de Nuestro primer viaje de Marruecos: Meknes, Fez y Rabat

Viaje en tren de Fez a Rabat

Hoy ya nos despedimos de Fez, dispuestos a conocer la capital del reino alauita: Rabat.

Antes de dejar el riad donde nos habíamos hospedado en Fez, le preguntamos a Mohamed, el dueño, que si podía avisar a un taxi. Nos dijo que no era necesario, ya que en la carretera junto a la puerta de la muralla más cercana al riad “es fácil de conseguir taxis”. Cuando llegamos a la mencionada puerta de la muralla, encontramos “casualmente” un taxi parado esperando. El taxista nos preguntó si necesitábamos sus servicios. Le contestamos afirmativamente, especificándole que íbamos a la estación de tren. Empezamos a preguntarle el precio para empezar el regateo, pero nos dijo que no regateaba, que su taxi es turístico, y que eran 50 DH (5€), es verdad que el coche era una monovolumen nuevecito. Como estábamos cansados de líos le dijimos que OK , aunque éramos conscientes de que por ese trayecto nos estaba cobrando más del doble de lo habitual.

Al llegar a la nueva estación ferroviaria de Fez, vimos que anunciaban en los paneles informativos que salía un tren hacia Rabat en sólo 5 minutos, así que corriendo compramos el billete en las taquillas y nos montamos en el tren. Volvimos a comprobar lo bien que funcionan los trenes en Marruecos, y las posibilidades que ofrece al turista para poder visitar el país. De este tema hablamos algo más detallado en este otro post: Los mejores consejos para viajar por Marruecos. Los horarios de los diferentes trenes de Marruecos los puedes consultar en la página web: ONCF

El viaje de vuelta en tren de Fez a Rabat, fue muy agradable. Nos volvimos a dar el lujo de viajar en un camarote de primera clase. La diferencia de precio es muy pequeña con respecto a la segunda clase.

Al llegar a Rabat, comimos en un restaurante de comida rápida en la propia estación, ya que estaba lloviendo.

estación de tren de Rabat

Estación de tren de Rabat, bajo un día de lluvia.

Acto seguido cogimos un taxi para llegar al riad que teníamos reservado, situado en una calle céntrica de  la medina de Rabat. El taxi nos dejó en la puerta de la muralla y de allí caminamos por las calles tranquilas y más bien solitarias de la medina.

Medina de Rabat: nuestras primeras impresiones

Rabat, desde el primer momento, nos dimos cuenta que era muy diferente a Fez y Meknes, mucho más tranquilo y ordenado.

Entramos por las calles de la medina de Rabat arrastrando nuestras maletas a la búsqueda de nuestro riad. La medina de Rabat, nos enamoró a primera vista, a ratos nos recordaba a los pueblos blancos de Andalucía. Además, es totalmente llana y por tanto muy cómoda para pasear.

Calle desiertas de la Medina de Rabat

Tonos azules en las calles de la medina de Rabat

La medina de Rabat se construyó en el siglo XVII con la intención de acoger a los refugiados procedentes de Andalucía (España).

En el riad Art Riad, nos recibió amablemente una chica que regentaba el alojamiento, y nos invitó al correspondiente té moruno, mientras terminaban de preparar la habitación y rellenábamos los impresos con nuestros datos. La decoración del patio interior del edificio del riad era muy bonita. La habitación no estaba mal, aunque el baño era bastante mejorable ya que la ducha no tenía ninguna separación con el resto del habitáculo del baño, lo que implicaba una inundación segura. Para nosotros estaba perfecto, pero nos pareció mala la relación calidad-precio, ya que fue el riad más caro que pagamos (70€/noche). En cualquier caso el precio estaba en el mismo orden que en el resto de alojamientos de la medina de Rabat, por lo que podemos decir que el alojamiento en Rabat es caro, equiparable al de cualquier capital europea.

riad Art Riad, nos alojamos en una de sus habitaciones

riad Art Riad, nos alojamos en una de sus habitaciones

La kasbah de los Oudayas

Salimos a pasear por Rabat y nos dirigimos hacia la Kasbah de los Oudayas, que se sitúa en un altozano junto al Océano Atlántico, a pocos metros de la medina. Lo primero que nos encontramos, que nos llamó la atención, fue un enorme cementerio musulmán “cementerio As-Shoudaya”, que circunvalaba la playa.

Cementerio en Rabat, junto al mar

Cementerio en Rabat, junto al mar

Entramos por la Kasbah de los Oudayas: es un recinto amurallado, que engloba la parte más antigua de Rabat, edificada en el siglo XII.

Vista de la Kasbah de Rabat

Vista de la Kasbah de Rabat

Una vez que atravesamos la muralla, enfilamos la calle principal, hasta alcanzar una explanada con unas vistas espléndidas al Océano Atlántico y a la ría que desemboca en Rabat. Este lugar estaba lleno de parejitas que disfrutaban, como nosotros, de la preciosa puesta de sol.

Dejamos esta espectacular vista y nos adentramos entre las encantadoras casas azules y blancas que conforman las Kasbah.

Calles de la Kasbah de los Oudaya

Calles de la Kasbah de los Oudaya, parecía el país de los pitufos

La Kasbah es un barrio eminentemente turístico. Se nota que poca gente vive allí, de hecho vimos más gatos que personas:

A parte del mirador al Océano, hay dos lugares de obligada visita dentro  de la Kasbah: El jardín andaluz y el Café de Moure.

Al jardín andaluz, entramos cuando apenas quedaban 5 minutos para la hora de cierre. Así que lo recorrimos rápido para hacernos una idea. Los jardines eran bonitos pero tampoco nos llamaron especialmente la atención.

El Café de Moure es un lugar muy típico de Rabat donde se puede contemplar la ría, tomando té con pastas. Eran muy sugerentes las vistas de la medina de la ciudad de Salé. Nosotros llegamos al café ya anocheciendo y la verdad es que éramos los únicos clientes. Nos tomamos un té, y pronto tuvimos que irnos porque cerraban y eso que eran sólo las seis de la tarde.

 

Salimos por las viejas murallas de la Kasbah. Las calles se estaban quedando vacías poco a poco. Este lugar nos embrujó y lo disfrutamos. Era lo que necesitábamos después de los agobios de gente que sufrimos en Fez el día anterior.

Calles comerciales de la medina de Rabat

Entramos de nuevo por la medina y esta vez recorrimos sus calles más comerciales: Rue dels Colsuls, Rue Souika y Rue Sidi Fatah.  En estas tres largas calles es donde se concentra todo el mercado de la medina, con ventas de todo tipo de productos.

Entre la Rue dels Consuls y el principio de la Rue Souka, se pueden encontrar los objetos típicos de Marruecos que pueden interesar al turista: lámparas, calderería, alfombras, tiendas de souvenirs, etc. Más adelante ya se ofrecen los productos para los locales: alimentación y ropa.

Después fuimos a cenar a un restaurante que nos recomendaron en el alojamiento: Restaurante Dar Naji.

Al entrar por el pasillo del restaurante, un señor nos recibió con un recipiente cerrado en sus manos. Nos decía algo en francés pero no entendíamos, pensábamos que había que poner unas monedas. Luego ya comprendimos: nos decía que extendiéramos las manos y nos echó un chorrito de agua para lavarnos las manos, fue un detalle muy especial. El restaurante nos gustó y era grande, muy original decorado y se comía estupendamente.

Nos fuimos a descansar al riad. Al día siguiente era ya nuestro último día de viaje, pero aun nos quedaban cosas interesantes por ver en Rabat, una ciudad que nos estaba encantando.

murallas de Rabat

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